Con la masificación de las redes sociales, hoy en día buena parte de la vida diaria de millones de personas sucede en línea, pero así como los usuarios vuelcan en estos espacios virtuales detalles de su cotidianidad, también hay discursos que pasan de las pantallas a la realidad, con graves consecuencias cuando se trata de actos violentos.Investigadores del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (Prio, por su sigla en inglés) se plantearon cómo el discurso en línea podía incidir en crímenes en el mundo real, particularmente en sociedades divididas del sur global, y en una investigación a gran escala analizaron el ejemplo de India, el país más poblado del mundo.La investigación, publicada en la revista PNAS Nexus, analizó más de 22 millones de publicaciones de Koo, una red social india –en la actualidad cerrada– que era equivalente a X (antes Twitter), y, basándose en una combinación de actividad en línea y denuncias comunitarias de ataques, examinaron la relación entre la virtualidad y hechos violentos contra minorías religiosas en ese país.Los hallazgosComo contexto, hay que mencionar que históricamente en India han existido tensiones entre hindúes y quienes profesan otras religiones, y al ser esta una sociedad cada vez más conectada tecnológicamente, parte de los rasgos de esas tensiones han llegado a la virtualidad.En ese sentido, el estudio analizó hashtags asociados con una expresión de fe hindú “Jai Shri Ram” (Gloria al Señor Ram, JSR en adelante), cuya historia tiene que ver con una disputa de larga data sobre un sitio religioso reclamado tanto por hindúes como por musulmanes. Esa disputa dio pie a que el saludo hindú tradicional “Ram Ram” pasara al “Jai Shri Ram”, que aunque no es una referencia abierta al conflicto, ha sido usada como consigna en ataques contra musulmanes y cristianos. Del otro lado, hay expresiones, también presentes en las redes sociales, orientadas a evitar conflictos como “Kabir”, relacionada a un personaje venerado en India cuyo legado apunta a tender puentes entre comunidades de distintas creencias.En entrevista con EL TIEMPO, Sebastian Schutte, autor principal del informe e investigador de Prio, detalló que al analizar entre 2020 y 2022 ambos tipos de expresiones y compararlas con reportes de violencia documentados por una ONG india que registra ataques a minorías religiosas, encontraron una coincidencia de los hashtags con sucesos en el mundo real. Así, cuando más publicaciones relativas a JSR había, más reportes de ataques fueron registrados, no solo de violencia física, sino también de acoso, intimidación y daños a la propiedad; por otro lado, las publicaciones con expresiones de Kabir correspondieron con una disminución de los reportes sobre este tipo de ataques.Otra variable estudiada fue el impacto en general del acceso a la plataforma. Los investigadores analizaron el efecto de cortes de internet impuestos por el Gobierno, encontrando que cuando no había internet, es decir, no había acceso a la red social, también había una disminución de los ataques, lo que refuerza el argumento de que las conversaciones en Koo tenían relación con hechos posteriores contra minorías religiosas y que la actividad en línea, en general, puede traducirse en violencia fuera de estos espacios.“A partir del análisis de las publicaciones de Koo hicimos una lectura en una línea temporal y vimos cómo las referencias religiosas que generan tensión o división (JSR) impulsaban denuncias de agresiones en el mundo real al día siguiente. Estadísticamente observamos que las referencias divisivas se acompañaron de más agresiones, mientras que las referencias que apelaban a la conciliación y a la humanidad común entre los grupos religiosos (Kabir) se relacionaban con una menor cantidad de ataques”, comentó Schutte.Estos hallazgos, además, amplían la comprensión sobre el papel de las redes sociales en sociedades divididas al mostrar cómo el discurso en línea también puede ayudar a prevenir conflictos.Detrás de todo esto también está el punto de las audiencias. Con redes sociales cada vez más alineadas a una u otra retórica –por ejemplo, Truth Social está alineada a la derecha en Estados Unidos, siendo una red social creada por el presidente Donald Trump–, las personas que están allí pueden ser más receptivas a determinados mensajes. En el caso de Koo, esta era popular en una audiencia muy receptiva a las referencias religiosas hindúes, por lo cual había más probabilidades de que los comentarios desencadenaran respuestas en la vida real.Es por esto que el estudio enfatiza que la concentración de unas discusiones o comentarios ante públicos receptivos puede conducir, con mayor facilidad, a modificar las percepciones de la comunidad, sean estas sobre ejercer o evitar la violencia.¿Es la censura la salida?“Si bien nuestro estudio se centra en India, en Occidente se dan debates similares que abren la pregunta: ¿cómo se puede equilibrar la seguridad pública y la libertad de expresión? Frente al tema, nosotros demostramos que las expresiones de fe religiosa son suficientes tanto para amplificar como para atenuar la violencia. Esto significa que el problema va más allá del discurso de odio, y la censura no puede ser la solución”, comentó Schutte.Los hallazgos también apuntan a que el discurso en línea debe formar parte de cualquier enfoque serio para la prevención de conflictos.Sobre este punto, Schutte explicó que hoy en día las redes sociales tienen límites claros sobre los contenidos que permiten en sus plataformas, y son eliminados o censurados aquellos que, por ejemplo, tienen que ver con delitos contra menores, llamados explícitos a la violencia o discursos de odio. Sin embargo, la investigación realizada en India demostró que hay otro tipo de mensajes que pueden incitar violencia sin violar las prohibiciones de las redes, pues las expresiones JSR y Kabir, en su origen, son declaraciones de sentimientos religiosos. Es decir, incluso contenidos que no infringen las normas, por lo cual no serían censurables, pueden tener consecuencias violentas dependiendo del contexto y los receptores de los mensajes.“Creemos que es necesario un debate más amplio que se centre en cómo los usuarios usan las redes sociales, cómo las adoptan, interactúan con ellas y les dan protagonismo en su vida diaria; el uso que los usuarios les dan a las redes es lo que tiene consecuencias reales”, manifestó el investigador.Para él también sería importante que haya más formación sobre el uso de las plataformas, y que los influencers, quienes tienen una amplia presencia en redes, pudieran ser “modelos” en el uso responsable de estos espacios.Desde otras latitudesSi bien el estudio de Prio enfatiza el caso de India y de la red social Koo, investigaciones anteriores también han apuntado a conclusiones similares sobre cómo lo que se habla en internet puede salir de la pantalla.En un artículo publicado en 2020 en The British Journal of Criminology, investigadores recopilaron datos sobre delitos de odio en Londres, rastreando publicaciones en Twitter y datos de la policía durante un período de ocho meses y, usando modelos estadísticos, estimaron que picos en los discursos en la red social en contra de musulmanes y de personas afro correspondían con aumentos de la violencia con agravantes raciales y religiosos y  acoso en las calles.En ese estudio se señaló que es poco probable que el discurso de odio en línea sea la única causa de la violencia en el mundo real, y que, en realidad, las redes sociales son solo uno de los factores que influyen.Otra investigación que analizó el impacto de las redes en crímenes reales fue publicada en 2024 en la revista Humanities and Social Sciences Communications, la cual encontró una relación entre publicaciones en X y Facebook, y delitos de odio contra migrantes y personas LGBTI en España, entre 2016 y 2018. Tras un análisis preliminar de datos que comprobó una correlación temporal entre comentarios de odio y ataques denunciados, los investigadores usaron modelos computacionales para analizar distintos periodos de tiempo dentro de los años estudiados, encontrando, por ejemplo, que el lenguaje incendiario en X y Facebook coincidía con un aumento de hasta el 64 por ciento de los delitos de odio denunciados ante la policía.“En la mayoría de los casos, el lenguaje violento precedió a los delitos de odio, aunque esto no implica necesariamente un efecto causal. Sin embargo, nuestros hallazgos demuestran que la presencia de lenguaje incendiario en redes sociales dirigido a un objetivo específico puede ser un predictor fiable de eventos fuera de línea, incluso si no son la causa. La evidencia indica que el ambiente de odio virtual y el entorno fuera de línea no son eventos independientes”, dice el documento.En ese sentido, aunque este análisis no afirmó que la violencia en línea fuera la causa de ataques en la vida real, sí resaltó cómo las interacciones virtuales pueden influir en lo que pasa fuera de internet.Un estudio similar se publicó en 2019, en Estados Unidos, cuando, con apoyo de un modelo de inteligencia artificial, un equipo de investigación de la Universidad de Nueva York analizó más de 500 millones de tuits publicados entre 2011 y 2016 para identificar publicaciones con mensajes discriminatorios, y compararlos con delitos de odio denunciados durante el mismo período en 100 ciudades estadounidenses. En este, encontraron que las ciudades con una mayor incidencia de tuits racistas reportaron más crímenes de odio relacionados con la raza, la etnia y el origen de las víctimas.Si bien los investigadores de este estudio no establecieron relaciones causales entre el debate en redes y los ataques, enfatizaron en que lo que pasa en línea puede ayudar a explicar variables de los delitos de odio en la vida real. María Isabel Ortiz Fonnegra Redacción Domingo En X: @MIOF_ marfon@eltiempo.com

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