Europa empieza a enseñar las garras. Con timidez. Sin grandes alharacas, sin ataques directos a Estados Unidos, con la contención que ha caracterizado este primer año loco de trumpismo. Pero con intención: la Comisión Europea ha presentado este miércoles sus planes concretos sobre el préstamo de reparaciones por 90.000 millones de euros para Ucrania, aprobado en la cumbre europea agónica del pasado diciembre.Esas ayudas son una especie de revolución: el dinero se reunirá emitiendo eurobonos —por segunda vez en su historia, después de la pandemia— tras la negativa de Bélgica de usar los activos rusos congelados para financiar la ayuda a Kiev hasta 2027. Y, tras constantes genuflexiones a Washington, se pone una línea roja tímida pero clara: el dinero europeo deberá ser gastado, salvo que no sea posible de otra manera, dentro de Europa.Según prevé el Ejecutivo europeo, la mayor parte del préstamo, 60.000 millones de euros, irá dirigido a gasto militar; los 30.000 millones restantes están destinados a ayuda civil. “Todos queremos la paz para Ucrania y para ello Ucrania tiene que estar en una posición de fuerza, tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociación”, ha sostenido la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al presentar este miércoles la propuesta, que ahora deberá recibir el visto bueno del Consejo (los Estados miembros) y el Parlamento Europeo. Un paso que la alemana ha urgido a dar lo antes posible, para que la ayuda “estable y predecible” que necesita Kiev, tanto en el campo de batalla como para sufragar los servicios civiles básicos, llegue a tiempo, antes de abril, que es cuando se calcula se vaciarán las arcas ucranias. Pero es la letra pequeña de la propuesta de Bruselas lo más interesante, y que seguramente va a provocar una mueca de disgusto en Washington: Kiev debe destinar el dinero a producir su propio armamento o a compras en las fábricas europeas; solo podrá acudir a terceros países, como Estados Unidos, cuando justifique que no puede encontrar armas parecidas en tiempo y forma en Europa. Aunque la sombra de Estados Unidos es omnipresente en Bruselas desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hace un año, los máximos responsables de la Comisión han evitado mencionarla explícitamente. Tanto Von der Leyen como el comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, se han limitado a subrayar que este “compra europeo” que prioriza la fórmula propuesta por la Comisión busca “integrar” más a Ucrania en Europa. Por partida doble: tanto en la aspiración ucrania de convertirse un día en miembro del bloque comunitario como para “integrarse mejor en la base industrial de defensa europea”.A esa industria también le conviene un impulso —y una promesa de contratos garantizada— para dar el salto cualitativo que necesita, con el objetivo de lograr lo antes posible la autonomía europea en momentos en que los aliados tradicionales transatlánticos son más impredecibles que nunca. Ucrania necesita con urgencia ese dinero. Sin él podría quedarse sin fondos tan pronto como en primavera, con consecuencias nefastas sobre el resultado de la guerra. Bruselas resuelve así lo importante, aunque finalmente ha dado marcha atrás en otra materia urgente: según habían adelantado a EL PAÍS fuentes conocedoras del programa inicial —revisado por los comisarios europeos este miércoles—, en su agenda figuraba también una ayuda modesta, pero simbólica, de 200 millones de euros a Groenlandia, la renovada obsesión de un Washington que ya ha demostrado en Venezuela que no se arredra ante una intervención militar sin contar o avisar a sus aliados. Finalmente, ese paquete de ayudas no ha sido puesto sobre la mesa en Bruselas, en el mismo día de una cita crucial en Washington entre el Gobierno de Donald Trump y altos representantes de Groenlandia y Dinamarca.Un paso atrás que no reduce la inquietud europea sobre el futuro de la isla ártica de Dinamarca, miembro de la UE y de la OTAN. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha calificado una vez más de “inaceptables” las amenazas del republicano de hacerse con el control de la isla ártica. Y Trump ha reiterado en las últimas horas que “de alguna manera EE UU va a quedarse con Groenlandia”. Ucrania y Groenlandia son parte de la misma jugada: tras Venezuela, la sacudida trumpista puede llegar a Europa si Estados Unidos abandona a su suerte a Kiev o decide replicar la intervención en Venezuela en suelo europeo, en territorio OTAN, a pesar de la posibilidad de dinamitar la Alianza Atlántica. En una comparecencia ante el Parlamento Europeo la víspera, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, evitó, pese a las insistentes preguntas de eurodiputados, responder sobre su posición ante las amenazas de Estados Unidos contra otro miembro aliado como es Dinamarca. Sin entrar en detalles sobre sus planes —la estrategia de la UE también parece pasar por la discreción— Von der Leyen sí ha dejado claro este miércoles un principio crucial para el futuro no solo de la isla ártica, sino quizás de todo el sistema de alianzas y equilibrios posterior a la Segunda Guerra Mundial: Groenlandia, ha recalcado la alemana, “pertenece a su gente”. “Así que solo depende de Dinamarca y de Groenlandia decidir sobre asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia”, ha añadido. Además, ha recordado, “Groenlandia forma parte de la OTAN”. Y el lema que “une a los miembros de la Alianza” es “uno para todos y todos para uno”. Los groenlandeses, ha agregado la alemana sin dar más detalles, “pueden contar con nosotros”, en alusión a los europeos.Ucrania sigue siendo un avispero ante los recientes avances de Rusia. Y ha provocado en las últimas semanas auténticos quebraderos de cabeza en las instituciones europeas: el no rotundo de Bélgica a usar los fondos rusos congelados, albergados en su mayor parte por la financiera Euroclear, con sede en Bruselas, obligó a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE reunidos en diciembre a optar por la alternativa de emitir deuda conjunta para financiar las necesidades más inmediatas ucranias. Un acuerdo del que quedaron excluidos, por petición propia, los principales aliados de Moscú en territorio europeo: República Checa, Hungría y Eslovaquia.Pese a todo, la UE quiso sacar pecho del acuerdo logrado: “Hemos cumplido con el compromiso de financiar a Ucrania para los próximos dos años con 90.000 millones de euros, y acordado que Ucrania solo devolverá ese dinero cuando Rusia pague por los daños causados por la guerra. Además, mantendremos inmovilizados los activos rusos hasta que Rusia pague”, declaró al término de la cita el presidente del Consejo Europeo, António Costa. Von der Leyen ha aseverado: “Demostramos nuestro apoyo continuo y firme a Ucrania”.

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