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En su discurso en la conferencia del Partido Laborista, en septiembre pasado, el primer ministro británico, Keir Starmer, insistió en el “crecimiento” como el objetivo central de su Gobierno. Al mismo tiempo, trazó una clara línea moral entre el Partido Laborista y Reform UK, invocando los valores británicos y democráticos para presentar al partido euroescéptico como inaceptable. Pero el contraste entre estos dos temas revela un problema más profundo que bien podría definir el mandato de Starmer: el crecimiento, en sí mismo, no tiene valor moral. LEA TAMBIÉN Después de todo, muchas economías occidentales han crecido al tiempo que se han vuelto más desiguales, más financiarizadas, más intensivas en carbono y más frágiles políticamente. El crecimiento puede impulsar la innovación y la prosperidad, pero también puede alimentar la degradación medioambiental, la división social y la inestabilidad geopolítica. No es un objetivo de misión, sino una métrica, y las métricas separadas del propósito pueden ser peligrosas.Por eso es importante definir claramente los objetivos porque son los que marcan el rumbo, alineando la actividad económica en torno a metas claras y colectivas. Un objetivo llevó a la humanidad a la Luna, impulsando la inversión en el sector aeroespacial, la nutrición, la electrónica y los materiales, lo que a su vez nos proporcionó teléfonos con cámara, mantas isotérmicas, leche maternizada y productos de software que ahora damos por sentados. LEA TAMBIÉN Si se diseña para abordar la crisis climática actual, una misión puede impulsar la acción en la agricultura, la energía, el transporte, las industrias digitales y todos los demás sectores relevantes. Dado que el crecimiento es una función de la inversión, las misiones pueden darle sentido al determinar qué cultivamos, cómo y para quién.Sin embargo, el gobierno de Starmer, enredado en un debate interminable sobre el margen fiscal y los agujeros presupuestarios, parece haber dejado en segundo plano el pensamiento orientado a los objetivos. Ha perdido de vista lo que se necesita para catalizar el crecimiento y, por lo tanto, ampliar los presupuestos a largo plazo.Una cuestión que Starmer ha destacado acertadamente es la inestabilidad mundial, expresando su preocupación por la invasión de Rusia en Ucrania y los horrores que se siguen registrando en Gaza. Sin embargo, se trata de temas de política exterior que no guardan relación con su agenda económica nacional. Es una oportunidad perdida. ¿Y si el Partido Laborista hiciera de la paz su misión?Un nuevo enfoqueA diferencia del crecimiento, la paz no es moralmente neutra. Implica compromisos de valores: la diplomacia por encima de la agresión, la solidaridad por encima del aislamiento y la democracia por encima del autoritarismo. Pero también requiere compromisos materiales, como inversiones en defensa, ayuda humanitaria, instituciones democráticas e infraestructura que sostenga la cohesión social. Entendida en estos términos, la paz no es solo una aspiración, sino un motor potencial de transformación económica.A diferencia del crecimiento, la paz no es moralmente neutra. Implica compromisos de valores: la diplomacia por encima de la agresión, la solidaridad por encima del aislamiento y la democracia por encima del autoritarismoConsideremos cómo sería una misión de paz en la práctica. Históricamente, las guerras han impulsado innovaciones extraordinarias, desde el radar hasta internet. Una misión de paz tendría el mismo nivel de ambición, pero estaría orientada a la prevención de conflictos en lugar de a la preparación para ellos. Movilizaría inversiones en infraestructura y programas para abordar las causas fundamentales de la inestabilidad: la inseguridad alimentaria, la escasez de agua y los desplazamientos climáticos. LEA TAMBIÉN Estas son necesidades urgentes. Nuestra reciente investigación revela que, si no se toman medidas para salvaguardar los suministros y los ciclos hídricos, más del 55 por ciento de los sistemas alimentarios estarán en peligro. Y, por supuesto, esos riesgos pueden aumentar las tensiones geopolíticas y el riesgo de más guerras. Del mismo modo, el cambio climático es un ‘multiplicador de amenazas’ que ya está alimentando los conflictos y socavando la paz. Los cambios en los patrones de precipitaciones, el rendimiento de los cultivos y los flujos migratorios agravarán aún más las tensiones por los recursos en los próximos años.Por lo tanto, una misión destinada a garantizar la seguridad alimentaria mundial reduciría la probabilidad de que se produzcan guerras por los recursos, al garantizar una nutrición adecuada y la resiliencia agrícola. Para ello sería necesario financiar la innovación en variedades de cultivos resistentes al clima, sistemas de riego capaces de soportar las épocas de sequía y prácticas sostenibles de uso de la tierra que preserven la calidad del suelo y estabilicen el ciclo hidrológico. LEA TAMBIÉN En este sentido, el fondo climático de Brasil, actualmente uno de los más grandes del mundo, ya ha demostrado cómo se pueden destinar fondos públicos a la agricultura sostenible y la restauración de la tierra. Estas son precisamente las intervenciones que favorecen la estabilidad a largo plazo y previenen los desplazamientos y conflictos que se derivan del colapso medioambiental.Violencia internaLa paz, tomada en serio, también uniría la formulación de políticas nacionales e internacionales. Por lo que se requeriría hacer frente a la violencia no solo en el extranjero, sino en el mismo Reino Unido, que está experimentando un aumento de los delitos con armas blancas, la violencia de género y la criminalización de los migrantes y los solicitantes de asilo. Este enfoque también significaría abordar las condiciones –pobreza, exclusión social, desigualdad– que permiten que los conflictos se agraven. La estabilidad social se consideraría un producto de la inversión, no algo que se pueda lograr mediante el castigo.Una misión de paz también resonaría con la propia historia de Starmer como abogado de derechos humanos que construyó su carrera sobre la creencia de que la justicia es un bien público. Y ofrecería una narrativa unificadora para un partido que necesita unir su centro pragmático y su base activista bajo una bandera moral compartida. LEA TAMBIÉN Irónicamente, el presidente estadounidense, Donald Trump, reconoce el poder de este discurso mejor que Starmer (aunque lo contradiga en la práctica). Trump ha perseguido sin descanso el Premio Nobel de la Paz, afirmando repetidamente que “merece” recibirlo por poner fin a guerras. Ante la imposibilidad de conseguirlo, el presidente de la Fifa, Gianni Infantino, inventó obsequiosamente un nuevo Premio de la Paz de la Fifa para otorgárselo al republicano, convirtiendo así la paz en teatro político.Trump entiende que la paz es muy atractiva a la vista, pero podría ser aún más poderosa como principio organizador de la economía. Los críticos pueden descartar esta idea por considerarla demasiado abstracta, demasiado blanda, demasiado utópica. Pero no hay nada de blando en prevenir la guerra, proteger a las comunidades o reconstruir sociedades fracturadas. La paz es difícil. Requiere grandes inversiones y puede ser políticamente difícil, especialmente en una época en la que los conflictos son cada vez más rentables (al menos si se está en el negocio de las armas o de la indignación algorítmica). Pero precisamente por eso la paz debe convertirse en una misión. Es muy importante como para dejarla al azar.Se hace necesario reflexionar sobre cuál es el verdadero propósito de la economía. ¿Se trata simplemente de generar cifras más altas de PIB, o se trata de crear las condiciones para el florecimiento humano?Ahora que Trump ha retirado a Estados Unidos de los marcos multilaterales basados en valores, Reino Unido debe pensar en grande por sí mismo. Si Starmer quiere marcar el comienzo de una nueva era política, debe rechazar la ilusión de que los indicadores económicos por sí solos pueden guiarnos a través de las tormentas geopolíticas y el declive interno.Entrados en el 2026, se hace necesario reflexionar sobre cuál es el verdadero propósito de la economía. ¿Se trata simplemente de generar cifras más altas de PIB, o se trata de crear las condiciones para el florecimiento humano? El nuevo año nos invita a imaginar futuros alternativos. Nuestras resoluciones deben ir más allá de las medidas estáticas de progreso para preguntarnos qué tipo de sociedad queremos.Mariana Mazzucatoy Rainer Kattel (**)© Project SyndicateLondresProfesora de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College London (UCL), copresidenta de la Comisión Global sobre la Economía del Agua y copresidenta del Grupo de Expertos del Grupo de Trabajo del G20 para una Movilización Global contra el Cambio Climático.(**) Subdirector y profesor de Innovación y Gobernanza Pública en el Instituto de Innovación y Propósito Público de la UCL.
